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Padre Eusebio Francisco Kino

El clérigo Padre Eusebio Francisco Kino, cuyo verdadero nombre es Eusebius Franz Kühn, (nacido el 10 de agosto de 1645 en Segno, hoy día Taio en Trentino; fallecido el 15 de marzo de 1711 en Magdalena de Kino / Sonora, México) realizó su formación escolar con los jesuitas en Hall del Tirol (Austria). El padre Kino fue un jesuita tirolés que ejerció su actividad como misionero, cartógrafo y astrónomo en el suroeste de los Estados Unidos y en el noroeste de México.

El padre Kino se crió en condiciones muy sencillas. Fue enviado por sus padres a un colegio de jesuitas en Trento. Allí aprendió a leer y a escribir. Posteriormente fue a Hall del Tirol, que en el siglo XVII formaba parte de los centros neurálgicos de la región alpina. En Hall, Kino fue alumno del colegio de los jesuitas. En el colegio de los jesuitas de Hall en Innsbruck se produjo un acontecimiento drástico para Eusebio Francisco Kino:

Su vida tomó aquí un giro dramático. El joven Eusebio enfermó gravemente. Los médicos lucharon por su vida, pero todo parecía sin esperanza. El gran modelo a seguir de Eusebio era Francisco Javier y así tomó la decisión de dedicarle una novena.
Mientras rezaba la novena le prometió al santo que, en caso de restablecimiento, se incorporaría como misionero en la orden de los jesuitas. Esta idea le resultaba familiar puesto que su primo Martinus Martini había entrado en la orden, convirtiéndose en un apreciado cartógrafo y astrónomo en China.

Fuente: An unsere Freunde – Informationen der Süddeutschen Jesuiten (A nuestros amigos: informaciones de los jesuitas de Alemania del Sur), Múnich 2002, pág. 7

Tras su época en Hall del Tirol se fue a la ciudad de Ingolstadt, en la Alta Baviera. En el año 1665 entró en los jesuitas, en la ciudad bávara de Landsberg. Kino se apasionó especialmente por las ciencias naturales y las matemáticas. Después de finalizar con éxito los estudios de teología, Kino se decidió por trabajar como misionario en Oriente. Para ello incluso rechazó una oferta del Príncipe de Baviera para ostentar una plaza en la Universidad de Ingolstadt.
La casualidad quiso que Kino fuera designado para ir a México, en lugar de al Extremo Oriente. En 1678 fue enviado a España para estudiar el idioma español. Tres años después se llevó a cabo el viaje marítimo junto con 18 camaradas hacia Veracruz, en Nueva España. En aquella época, Nueva España se extendía por grandes regiones de los actuales Estados Unidos y México.

Poco después de su llegada a América, el padre Kino emprendió una expedición. Allí fue consciente de las terribles repercusiones del intento de colonización del sur de California, una tentativa del conquistador español Hernán Cortés. Solamente por medio de un acuerdo entre la corona española y los jesuitas se erigió la orden como única responsable para California. En la misma expedición, el padre Kino descubrió que Baja California no era una isla, como se había creído hasta entonces, sino una península. En Baja California se le confió la evangelización de las tribus de los guaymas y los seris.

Uno de los puntos centrales de su trabajo se originó más tarde en Loreto. Bajo la dirección del padre Kino se fundaron varias misiones en el intervalo de poco tiempo. Entre sus deseos se hallaba el buen entendimiento con los indígenas y, aparte de ello, también la medición entre las tribus indias que a menudo provocaban enfrentamientos guerreros entre sí. El padre Kino mantuvo un contacto intenso y excelente con numerosas tribus indias y, por este motivo, era consultado de forma explícita por los caciques ante cualquier petición. Esa gran confianza que la población indígena manifestaba hacia el padre Kino, la ratificaba él en interés mutuo. De este modo aprendió, entre otras, la lengua de los indios pimas. Para él fue un privilegio mejorar la situación económica y sanitaria de los indígenas. El padre Kino transmitió asimismo conocimientos sobre la agricultura, como también sobre el manejo del hierro, por ejemplo.

En su calidad de cartógrafo fue el primero en elaborar mapas topográficos del suroeste de los Estados Unidos: con su modo de pensar amable para con los indígenas, el padre Kino sufrió la falta de comprensión entre algunos de sus contemporáneos. Los indígenas, no obstante, le dieron el nombre de «campesino negro» debido a su hábito de monje.
Más adelante se bautizaron con su nombre la Bahía Kino en el Golfo de California, la ciudad Magdalena de Kino en México, así como gran cantidad de escuelas y calles de México y Arizona (EE. UU.).

El padre Kino fue inmortalizado entre las cien grandes personalidades americanas, a las que se les ha dedicado una estatua en el «Hall of Fame» del Capitolio.
Muchos mexicanos lo veneran como un santo y numerosos admiradores se esfuerzan por lograr una beatificación.